El trueno cae y se queda entre las hojas

lunes, 22 de noviembre de 2010

En recuerdo de la "movida valenciana".

            Hace treinta años, Valencia se movía. Frente al letargo, el conformismo, el inmovilismo y el cursilismo imperante en la ciudad actual, en aquella época se recuperaba aquel espíritu de los años veinte y principio de los treinta donde existía el ánimo de crear arte y cultura por el simple hecho de crear. Éramos conscientes de la necesidad de avanzar, de progresar, incluso al margen de las opciones políticas personales. Cansados de una transición que empezaba a decepcionarnos, la música, la literatura, el arte, y el ocio nos proporcionaban el oxígeno necesario para existir y reivindicar que la libertad era algo más que una reivindicación política: podía ser una forma de vida. Teníamos que romper con el pasado pero sin negarlo y sin abandonarlo porque nosotros nacimos en él. Buscábamos la praxis como costumbre.
            Era la Valencia donde unos libraban una batalla por símbolos e identidades, en la cual nosotros no participábamos por su carácter absurdo y manipulador de conciencias. Nosotros preferíamos reírnos de todo, divertirnos pero creando cultura, mientras otros optaban por convertir la cultura en un fin para una causa política, económica o de promoción personal. Nosotros no: así nos ha ido.
            Me voy a centrar en la música porque es el exponente más visible de la cultura popular de una sociedad. A finales de los setenta los apéndices de la “Nova Cancó” sonaban a naftalina. Los jóvenes nacidos a partir de los sesenta preferíamos transformar la cultura por medio del rock. Nacieron Zarpa, Doble Zero, La Morgue y otros grupos apostando por una diversidad de estilos insólita a la fecha. Algunos conciertos con asistencia juvenil mayoritaria ya no eran de “Els Pavesos” o de “Al Tall”: eran de grupos cuyas tendencias se asimilaban no sólo a las de Madrid o Barcelona, sino a las de Londres. Y no sonaban tan mal como afirmaban los negadores de la evolución artística. Nos abstuvimos del recital de autor protesta y lo sustituimos por el concierto de música rock con valor puramente estético, sin descuidar nuestra propia condición social y el afán por comprender la realidad.
            Así, servicios militares al margen, vivimos entre la inestabilidad de la joven democracia española, y empezamos a caminar por esos antros del Barrio del Carmen. Y llegó Glamour. Sus “Imágenes” dieron la vuelta al mundo y nos identificó a los jóvenes valencianos con la nueva realidad musical y, por extensión, artística. Los “New Romantics” y el “Tecno-pop” no eran sólo Soft Cell, Ultravox, Duran Duran, Depeche Mode o Spandau Ballet, aquellos nuevos grupos que bailábamos en Metrópolis, con su entrada por la calle Julio Antonio. Había una Valencia capaz de hacer las cosas bien, actualizada en estilos, y fuera de ese modo del “pensat i fet” que tanto daño nos hace, y de las actividades hechas al vuelo, tan características de nuestro fallerismo antropológico. Parecíamos una ciudad como las mejores, como cualquier otra, y nos podíamos olvidar de Madrid porque aquí creábamos con calidad. Pero sólo creábamos, no difundíamos ni exportábamos, porque no sabíamos que para triunfar eran necesarias unas estructuras comerciales de las que carecíamos.
            De Blanc i Blau y Barro, pasamos a las tascas, a Pelayo y a la Malvarrosa. La ciudad se llenaba de zonas para la nocturnidad y la alevosía del ocio. Caminábamos en la misma noche desde Planta Baja, en El Carmen, porque allí actuaba un grupo inglés del que nadie supo nunca más nada de nada, Murphy Patrol, con instrumentos prestados por Sade, hasta Bowie, cerca de Juan Llorens, porque allí actuaban nuestros Inhumanos, que éramos nosotros mismos porque los asistentes subíamos al escenario a corear las seis canciones de su repertorio, hasta el punto de haber más personas en el escenario que en el público. Vaya el recuerdo al Nou Café Concert de Toni Pep, donde nos iniciamos, un lugar de culto en el que nacieron al público Sade (ex Información y Turismo), Interterror o Seguridad Social, cuyos conciertos alternaban con aquellos que venían de Madrid, como Parálisis Permanente, Aviadro Dro y sus Obreros Especializados o Siniestro Total.
            Y sobre todo Gasolinera, el centro de reunión de la zona norte de Valencia, que recogía todas las tendencias existentes. Allí podías ver a Ceremonia, grupo de rock siniestro, como le llamábamos a lo “gótico”, y a la semana siguiente a Seguridad Social, punkis por aquellos años. Daba gusto escuchar en aquellos pocos metros cuadrados de escenario a Esgrima, un grupo con una limpieza de sonido ejemplar, con Miguel Ángel Gabotti y su guitarra, o a noveles como Madame, de Puerto de Sagunto. Rock fuerte de tintes surrealistas como el de Incompatibles, de Xàtiva, posiblemente una de las mejores bandas de aquellos años, con tecnos como Última Emoción. Recuerdo aquel concurso de pop-rock “Valencia 83”, con decisión polémica, pero que fue el primer pilar para futuros acontecimientos. Allí vimos a Nicaragua Ni Managua, Ganímedes, Masas Glúteas, Incompatibles, ADN, Inhibidos Quizás y Extrema Cordialidad Homicida, entre otros. Un compendio de creatividad insólita que añoramos por el paso de los años y porque no existía manipulación de las ideas artísticas ni los conceptos musicales. Cómo no recordar a Manolo Aguilar y a Cali, y su “Tienda del Disco” en la calle Alboraya, que pinchaban nueva música e incluso nos traían a Valencia el color del nuevo videoclip, sobre todo con aquella colección divertidísima de Madness que llenó nuestras horas noctívagas.
            Y qué decir de Tropical, con Placer al frente de la música. Allí asistimos a numerosos conciertos. Recuerdo uno memorable de un grupo “tecno-cachondo” llamado Vacuola Digestiva, que ponía la sobriedad de los teclados y la tecnología al servicio de letras nada sublimes pensadas para la diversión, pero que en el fondo revelaban el absurdo de nuestra mediocre sociedad. Tropical era un lugar de expansión y de sábanas olvidadas por el calor veraniego.
            La radio. Radio Klara, y los programas de Placer, Manolo Rock y “El Loro por la Cara” con el omnipresente Miguel F. Jim. Allí rezumaban los efluvios de quienes nacían para la música. ¿Cuántas maquetas pasarían por aquellos programas? Maquetas grabadas en el Microestudio de Ramón Gilabert. Era duro levantarse un sábado después de una noche del viernes tremebunda para escuchar o asistir a este último programa, pero ahí estábamos para certificar la aportación de todo grupo naciente. O aquel programa de Vicente Esteve en Radio Color, “Factoría Urbana”, cuyo nombre explicaba en dos palabras lo que era esta tierra en esos momentos: nada de paellas y artesanía, industria y cultura de ciudad. Creábamos y nos divertíamos. ¡Qué hay mejor!
            Muchos recuerdos, muchas noches en vela por una ciudad donde estar despierto de madrugada era reivindicar su vida. No era salir de casa por salir de casa, sino escapar de lo cotidiano para disfrutar con el espectro de lo nuevo, de lo insólito, de lo desconocido. Salir del tedio para entrar en la sorpresa de la creación.
            Imagino que los jóvenes actuales disfrutarán tanto o más que nosotros durante sus noches. Ya no lo sé. Sin embargo, ¿qué quedó de aquello? La ciudad no se adaptó al espíritu de la creatividad. Sus habitantes apostaron por lo añejo; como mucho por una reforma de lo existente. Los políticos acabaron ensuciando la creatividad del rock, con escándalos como el de Munlogs. Ni siquiera toda esta explosión de vida y arte tuvo plasmación: nuestra burguesía le dio la espalda y quien pudo, no supo crear una infraestructura adecuada para dar a conocer o permitir el triunfo de estas iniciativas artísticas. Ni casas de discos con suficiencia, ni editoriales con distribución, ni redes de comercialización… nada, todo fue a parar al olvido: ni siquiera hay un espacio colectivo para su historia, que ha quedado en las memorias individuales de quienes la vivimos o protagonizaron. Unos cuantos discos que no salieron de Valencia, con aquellos emprendimientos artesanales de Ediciones Milagrosas, por ejemplo (¡Bienvenido You Tube para recordarlos!), unos fanzines que conservamos y unos cuantos libros, sobre todo de poesía, olvidados en el trastero.
            Y quien buscó la gloria… nada, como siempre: a Madrid. Inhumanos, Seguridad Social, Carlos Goñi… para triunfar tuvieron que codearse entre estudios de la M-30 y compañías discográficas que dieron el salto desde su independencia hacia un nuevo carácter industrial desde 1984. La fama les llegó, como a otros valencianos, cuando fueron conscientes de que para triunfar o vivir de una actividad artística, hay que escapar de Valencia porque Valencia te aporta poco para ello. En realidad no aporta: resta porque siempre habrá un vecino envidioso con influencias dispuesto a poner la zancadilla si tus creaciones son más universales y mejores que las suyas.
            La alegría se esfumó con el tiempo. ¿Qué quedó de aquello? Me lo pregunto mucho. Recuerdos, alegrías, noches de juventud insomne, deseos, vitalismo, amores no consumados… todo para acabar en el escepticismo de la postración en una tierra donde sus figuras culturales firman en su libro de oro cuando han triunfado lejos de ella. Pero me quedo con aquel espíritu, con aquellos deseos, con aquella fuerza que se llevó el viento de la mediocridad.
            Quizá debamos escribirla para la posteridad con el título de “explotamos en dirección al tedio”.

6 comentarios:

  1. Si no m'enganye el grup angles que actuava a la Planta Baja del que es parla
    es deia Instituto Murphy, vaig estar i va ser molt divertit

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  2. Que grandes recuerdos... y que buenas sesiones nos dimos.
    Salud2
    miguel f. jim

    (PD...alguien se grabó algun tema de los geniales VACUOLA DIGESTIVA, extravié la maqueta y lloro por ello)

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    Respuestas
    1. creo tener una copia de la maqueta en alguna caja perdida... el grupo creo que era de dénia o gandia, seria cuestion de investigar y seguro que aparece algun componente ;-)
      "por el amazonas voy". "pasando de las vecinas, se chuta con sus amigas y al te con limon le añade dos o tres anfetaminas, la punki de ma güela"....

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  3. Buen artículo. Todo se evaporó entre las cenizas de las Fallas. En eso, esta ciudad fue fiel a si misma.

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  4. me ha encantado este articulo, un diez

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  5. fantàstic i real article, defineix allò que estigué a punt de ser i que mai no va ser... afortunadament el temps és com un "boomerang" i segur que tornarà una onada cultural en totes les arts; el terreny està abonat, només cal regar les llavors i esperar, ja hi treballem!!! ;-)

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